Txangurro a la Donostiarra

Por Lobito Isaias
Txangurro a la Donostiarra

El txangurro es el nombre en euskera del centollo (centolla), un cangrejo de mar muy apreciado en la gastronomía vasca, y también el plato emblemático que se prepara con su carne: el txangurro a la donostiarra. Esta receta tradicional de San Sebastián consiste en desmigar la carne del centollo, sofreírla con cebolla, puerro, tomate y un toque de brandy, rellenar con la mezcla el propio caparazón del cangrejo, cubrirla con pan rallado y mantequilla, y gratinarla al horno unos 10 minutos. Es un plato festivo que se sirve caliente en el caparazón y aporta unas 280 calorías por porción.

Txangurro a la Donostiarra: la Receta Vasca Auténtica que Convierte un Cangrejo en Alta Cocina

Hay platos que definen una ciudad. San Sebastián (Donostia), la capital gastronómica del País Vasco y una de las ciudades con más estrellas Michelin por metro cuadrado del mundo, tiene el suyo: el txangurro a la donostiarra. Un plato que toma un producto extraordinario del Cantábrico —el centollo— y lo eleva con una técnica sencilla pero llena de sabiduría: desmigar, sofreír, rellenar el propio caparazón y gratinar.

En esta guía completa vas a descubrir qué es exactamente el txangurro, la historia del plato, la receta auténtica paso a paso (incluyendo cómo cocer y desmigar el centollo como un profesional), los sustitutos realistas si no consigues centollo fresco en tu país, las calorías, los vinos para acompañarlo, los errores que lo arruinan y todas las preguntas frecuentes que la gente hace en Google sobre este clásico vasco. Al terminar, tendrás todo lo necesario para preparar en casa un plato de restaurante de lujo.

¿Qué es el txangurro?

La palabra txangurro (pronunciada “changurro”, y a veces escrita así en castellano) designa en euskera al centollo europeo (Maja squinado), un cangrejo marino de gran tamaño, caparazón espinoso y patas largas que habita en las costas del Atlántico y el Cantábrico. Su carne es una de las más apreciadas del mar: fina, delicada, ligeramente dulce y con un intenso sabor a marisco que no necesita casi nada para brillar.

Pero cuando alguien dice “txangurro” en un restaurante, casi siempre se refiere al plato: el txangurro a la donostiarra (o “txangurro al horno”), la preparación clásica donostiarra en la que la carne desmigada del centollo se cocina con un sofrito de verduras, se flambea o perfuma con brandy, se devuelve a su propio caparazón y se gratina con pan rallado y mantequilla. El resultado: una textura jugosa y cremosa por dentro, una capa dorada y crujiente por fuera, y el aroma del mar concentrado en cada cucharada.

Es un plato de celebración: en el País Vasco es habitual en las mesas de Navidad, en las sociedades gastronómicas (los famosos “txokos”) y en los grandes asadores y restaurantes de la Parte Vieja donostiarra.

Origen e historia del txangurro a la donostiarra

El plato tal como lo conocemos se atribuye a Félix Ibarguren “Shishito”, cocinero y maestro de cocina donostiarra de finales del siglo XIX y principios del XX, considerado uno de los padres de la cocina vasca moderna. Shishito habría adaptado técnicas francesas —el gratinado, el uso del brandy, el relleno en el propio caparazón al estilo de los gratins de marisco— al producto estrella de la bahía de La Concha: el centollo.

Esta receta de comida se consolidó en los recetarios vascos del siglo XX y se convirtió en bandera de la alta cocina popular donostiarra: un plato que cualquier casa podía preparar en días señalados y que al mismo tiempo figuraba en los menús de los restaurantes más elegantes. Hoy es patrimonio culinario del País Vasco y una parada obligatoria para cualquier amante de la gastronomía que visite San Sebastián.

Un apunte de contexto para lectores de Latinoamérica: el centollo español es primo hermano de la centolla patagónica o magallánica que se consume en Chile y Argentina, de carne igualmente extraordinaria. Si vives en Sudamérica, la centolla local (fresca o en conserva de buena calidad) es el sustituto perfecto y hasta los puristas lo aprobarían.

Ingredientes para el txangurro a la donostiarra (4 porciones)

El protagonista:

  • 2 centollos de 1 kg cada uno (o 500-600 g de carne de centolla/cangrejo cocida y desmigada). Mejor si son hembras: tienen más carne y sus corales (huevas) enriquecen el plato.
  • Sustitutos realistas por orden de preferencia: centolla patagónica en conserva de calidad, carne de jaiba/cangrejo real cocida, o carne de cangrejo pasteurizada. Evita el surimi (“palitos de cangrejo”): no es cangrejo y el plato pierde toda su esencia.

Para la cocción del centollo (si lo usas vivo/fresco):

  • 4 litros de agua
  • 70 g de sal gruesa (unos 60-70 g por litro: el agua debe recordar al mar)
  • 2 hojas de laurel

Para el sofrito:

  • 1 cebolla grande picada muy fina (unos 150 g)
  • 1 puerro (solo la parte blanca) picado fino
  • 2 dientes de ajo picados
  • 200 g de tomate triturado natural (o 2 tomates maduros rallados)
  • 60 ml de brandy o coñac (unas 4 cucharadas)
  • 100 ml de vino blanco seco (opcional pero recomendado)
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 pizca de guindilla o cayena (opcional, un toque picante muy donostiarra)
  • Sal y pimienta blanca al gusto

Para el gratinado:

  • 4 cucharadas de pan rallado
  • 40 g de mantequilla en dados pequeños
  • Perejil fresco picado

Cómo hacer txangurro a la donostiarra paso a paso

Txangurro a la Donostiarra

Paso 1: Cuece el centollo (25 minutos)

Pon a hervir el agua con la sal y el laurel en una olla grande. Cuando hierva a borbotones, introduce el centollo desde agua hirviendo si está muerto, o desde agua fría si está vivo (así no soltará las patas por el choque térmico). Cuenta 17-18 minutos por kilo desde que el agua recupera el hervor. Retíralo y déjalo enfriar boca arriba (con el caparazón hacia abajo) para que conserve todos sus jugos internos, que son oro puro para el plato.

Paso 2: Desmiga el centollo como un profesional

Con el centollo templado, separa las patas y el caparazón. Abre el cuerpo por la mitad y extrae toda la carne de las cavidades con ayuda de un tenedor pequeño o un palillo de brocheta. Casca las patas con un cascanueces o el lomo de un cuchillo pesado y saca la carne entera. Reserva aparte los corales (las huevas anaranjadas) y los jugos marrones del caparazón: son el concentrado de sabor que distingue un txangurro sublime de uno correcto. Limpia el caparazón vacío, lávalo bien y resérvalo: será tu fuente de horneado. Revisa la carne con los dedos para retirar cualquier fragmento de cáscara.

Paso 3: El sofrito lento (la base del plato)

Calienta el aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio-bajo. Agrega la cebolla y el puerro con una pizca de sal y póchalos lentamente 12-15 minutos, hasta que estén transparentes, dulces y sin ningún tono dorado agresivo. La paciencia aquí es la mitad de la receta: un sofrito apurado da un txangurro áspero. Agrega el ajo y cocina 1 minuto más.

Paso 4: Tomate, brandy y la magia del flambeado

Incorpora el tomate triturado y cocina 8-10 minutos hasta que pierda el agua y el sofrito se concentre. Sube el fuego, vierte el brandy y, si te animas, flambéalo: inclina ligeramente la sartén hacia la llama (o acerca un fósforo largo) y deja que el alcohol arda 20-30 segundos hasta apagarse solo. Si prefieres no flambear, simplemente deja evaporar el alcohol 2 minutos a fuego fuerte. Agrega el vino blanco y reduce otros 2 minutos.

Paso 5: Incorpora el txangurro

Baja el fuego a medio y agrega la carne desmigada del centollo, los corales y los jugos reservados del caparazón. Mezcla con suavidad y cocina solo 3-4 minutos: la carne ya está cocida y solo debe integrarse con el sofrito y absorber sus sabores. Ajusta de sal y pimienta blanca, agrega la pizca de cayena si te gusta el punto picante, y retira del fuego. La mezcla debe quedar jugosa, ni seca ni caldosa: si la ves líquida, sube el fuego 1 minuto; si la ves seca, un chorrito de vino blanco la rescata.

Paso 6: Rellena los caparazones

Precalienta el horno a 200°C con función gratinador (broiler). Rellena los caparazones limpios con la mezcla caliente, repartiéndola de forma generosa y uniforme. Si no tienes los caparazones (por ejemplo, si usaste carne en conserva), usa cazuelitas individuales de barro o recipientes aptos para horno: el resultado es igual de delicioso, aunque pierdas el efecto escénico.

Paso 7: Gratina hasta el dorado perfecto

Espolvorea la superficie con el pan rallado, distribuye los dados de mantequilla por encima y hornea en la parte alta del horno 8-10 minutos, hasta que la superficie esté dorada y burbujeante. Vigila a partir del minuto 6: el punto perfecto es un dorado intenso sin llegar a quemarse. Al salir del horno, espolvorea perejil fresco picado.

Paso 8: Sirve inmediatamente

El txangurro se sirve recién gratinado, caliente y en su caparazón, con cucharilla para no dejar ni rastro y pan de buena calidad al lado (mojar en el fondo del caparazón es obligatorio, y quien diga lo contrario no ha probado el plato). Como entrada elegante, medio caparazón por persona; como plato principal, uno entero.

¿Cuántas calorías tiene el txangurro a la donostiarra?

Una porción de txangurro a la donostiarra (unos 180 g, la cuarta parte de esta receta) aporta aproximadamente 280 calorías:

NutrientePor porción (180 g)
Calorías280 kcal
Proteínas22 g
Carbohidratos12 g
Grasas totales15 g
Fibra1.5 g
Sodio540 mg

Nutricionalmente, el txangurro es un plato muy interesante: la carne de centollo es alta en proteínas y baja en grasa, rica en zinc, selenio, vitamina B12 y yodo. Las calorías del plato vienen sobre todo de la mantequilla del gratinado y el aceite del sofrito. Para una versión ligera (~220 kcal): reduce la mantequilla a la mitad y usa solo 2 cucharadas de aceite; el sabor del centollo sigue mandando.

Otras personas también preguntan

¿Qué significa txangurro en español?

Txangurro es la palabra en euskera (idioma vasco) para el centollo, el gran cangrejo de mar de caparazón espinoso. En castellano a veces se escribe “changurro”, que refleja su pronunciación, ya que la “tx” vasca suena como la “ch” española. Por extensión, el término designa también el plato tradicional preparado con su carne: el txangurro a la donostiarra.

¿Qué diferencia hay entre txangurro y centollo?

Ninguna en cuanto al animal: txangurro es simplemente el nombre vasco del centollo. La diferencia aparece en el uso: mientras “centollo” suele referirse al marisco cocido que se come al natural (frecuente en Galicia), “txangurro” evoca casi siempre la preparación vasca al horno con sofrito y gratinado. En resumen: mismo cangrejo, dos tradiciones culinarias.

¿A qué sabe el txangurro?

La carne de centollo tiene un sabor marino intenso pero fino, con notas dulces y yodadas que recuerdan al mejor sabor a mar. En el txangurro a la donostiarra, ese sabor se envuelve en la dulzura del sofrito de cebolla y puerro, la acidez suave del tomate, el perfume cálido del brandy y el toque tostado del gratinado. Es un plato elegante, sabroso y sorprendentemente equilibrado: sabe a marisco de lujo, no a fritura ni a salsa pesada.

¿Se puede hacer txangurro con cangrejo de lata?

Sí, y es la solución más práctica fuera de las zonas con centollo fresco. Elige carne de cangrejo o centolla en conserva de buena calidad (trozos reales de carne, no surimi ni “sabor a cangrejo”) y escúrrela bien antes de incorporarla al sofrito. Con unos 400-500 g de carne en conserva tienes un txangurro casero excelente. La regla es simple: cuanto mejor la materia prima, mejor el plato, pero un buen sofrito rescata incluso conservas modestas.

¿Cuánto tiempo se cuece un txangurro (centollo)?

La regla clásica es de 17 a 18 minutos por kilo, contados desde que el agua recupera el hervor, en agua con 60-70 gramos de sal por litro (similar al agua de mar). Un centollo de 1 kg necesita unos 17-18 minutos; uno de 1.5 kg, unos 25 minutos. Si el centollo está vivo, se introduce en agua fría y se cuentan los tiempos desde que el agua hierve; si ya está muerto, directamente en agua hirviendo.

¿Dónde se come el mejor txangurro de San Sebastián?

Los clásicos donostiarras que todo aficionado menciona incluyen los asadores e institutos de la Parte Vieja y los restaurantes históricos del centro, donde el txangurro a la donostiarra figura como entrada estrella, además de las versiones en pintxo (sobre tartaleta o volován) que se encuentran en los bares de pintxos de la calle 31 de Agosto y alrededores. Si visitas la ciudad, pedir txangurro es tan obligatorio como pasear por La Concha.

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Trucos de chef para un txangurro sobresaliente

  • Los jugos del caparazón no se tiran jamás: ese líquido marrón que queda dentro del centollo cocido es esencia pura de marisco. Añádelo al sofrito y notarás la diferencia entre un txangurro casero y uno de restaurante.
  • Los corales son el secreto del color y el sabor: si tu centolla es hembra, sus huevas anaranjadas trituradas en la mezcla aportan cremosidad, color rojizo y una profundidad de sabor extraordinaria.
  • Pocha, no dores: la cebolla y el puerro deben cocinarse lentos y transparentes. El dorado agresivo aporta amargor que compite con la delicadeza del cangrejo.
  • El brandy es innegociable, el flambeado es opcional: el alcohol evaporado deja un perfume que define el plato. Si no tienes brandy, un coñac, un jerez seco o incluso un whisky suave funcionan.
  • No sobrecocines la carne: el centollo ya está cocido cuando entra en la sartén. Más de 4-5 minutos de cocción la seca y endurece.
  • Pan rallado fino y mantequilla fría: la combinación crea la costra perfecta. El panko (pan rallado japonés) da un gratinado aún más crujiente si te gusta el contraste.
  • Formato pintxo para fiestas: la misma mezcla servida en tartaletas, volovanes o conchas de vieira gratinadas es un aperitivo espectacular para celebraciones, y rinde para muchos más invitados.
  • Maridaje: el acompañamiento clásico es un txakoli (el vino blanco vasco, fresco y ligeramente chispeante), un albariño o un verdejo. Si prefieres sin alcohol, un agua con gas con limón limpia el paladar entre cucharadas.

¿Cuándo se sirve el txangurro?

En celebraciones y fechas señaladas: es su territorio natural. En el País Vasco es un imprescindible de las cenas de Nochebuena y Nochevieja, comidas familiares de domingo y menús de celebración. Su formato en caparazón individual lo hace visualmente espectacular en una mesa festiva.

Como entrada elegante: medio caparazón o una cazuelita pequeña por comensal es la entrada perfecta de un menú de pescados y mariscos.

Como plato principal ligero: un caparazón entero con ensalada verde y buen pan es una comida completa, alta en proteína y muy satisfactoria.

En formato pintxo o aperitivo: en tartaletas o volovanes, es el bocado que desaparece primero en cualquier reunión.

Ventaja de organización: puedes preparar el relleno con horas de antelación (incluso el día anterior), guardarlo refrigerado, rellenar los caparazones y darles el golpe de gratinado justo antes de servir. Es el plato de fiesta perfecto para anfitriones: todo el trabajo por adelantado, 10 minutos de horno al momento.

Txangurro a la Donostiarra

Txangurro a la Donostiarra

Serves: 4 Prep Time: Cooking Time:
Nutrition facts: 280 calories 15 gramos fat
Rating: 5.0/5
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Ingredients

  • El protagonista:
  • 2 centollos de 1 kg cada uno (o 500-600 g de carne de centolla/cangrejo cocida y desmigada). Mejor si son hembras: tienen más carne y sus corales (huevas) enriquecen el plato.
  • Sustitutos realistas por orden de preferencia: centolla patagónica en conserva de calidad, carne de jaiba/cangrejo real cocida, o carne de cangrejo pasteurizada. Evita el surimi ("palitos de cangrejo"): no es cangrejo y el plato pierde toda su esencia.
  • Para la cocción del centollo (si lo usas vivo/fresco):
  • 4 litros de agua
  • 70 g de sal gruesa (unos 60-70 g por litro: el agua debe recordar al mar)
  • 2 hojas de laurel
  • Para el sofrito:
  • 1 cebolla grande picada muy fina (unos 150 g)
  • 1 puerro (solo la parte blanca) picado fino
  • 2 dientes de ajo picados
  • 200 g de tomate triturado natural (o 2 tomates maduros rallados)
  • 60 ml de brandy o coñac (unas 4 cucharadas)
  • 100 ml de vino blanco seco (opcional pero recomendado)
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 pizca de guindilla o cayena (opcional, un toque picante muy donostiarra)
  • Sal y pimienta blanca al gusto
  • Para el gratinado:
  • 4 cucharadas de pan rallado
  • 40 g de mantequilla en dados pequeños
  • Perejil fresco picado

Instructions

Paso 1: Cuece el centollo (25 minutos)

Pon a hervir el agua con la sal y el laurel en una olla grande. Cuando hierva a borbotones, introduce el centollo desde agua hirviendo si está muerto, o desde agua fría si está vivo (así no soltará las patas por el choque térmico). Cuenta 17-18 minutos por kilo desde que el agua recupera el hervor. Retíralo y déjalo enfriar boca arriba (con el caparazón hacia abajo) para que conserve todos sus jugos internos, que son oro puro para el plato.

Paso 2: Desmiga el centollo como un profesional

Con el centollo templado, separa las patas y el caparazón. Abre el cuerpo por la mitad y extrae toda la carne de las cavidades con ayuda de un tenedor pequeño o un palillo de brocheta. Casca las patas con un cascanueces o el lomo de un cuchillo pesado y saca la carne entera. Reserva aparte los corales (las huevas anaranjadas) y los jugos marrones del caparazón: son el concentrado de sabor que distingue un txangurro sublime de uno correcto. Limpia el caparazón vacío, lávalo bien y resérvalo: será tu fuente de horneado. Revisa la carne con los dedos para retirar cualquier fragmento de cáscara.

Paso 3: El sofrito lento (la base del plato)

Calienta el aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio-bajo. Agrega la cebolla y el puerro con una pizca de sal y póchalos lentamente 12-15 minutos, hasta que estén transparentes, dulces y sin ningún tono dorado agresivo. La paciencia aquí es la mitad de la receta: un sofrito apurado da un txangurro áspero. Agrega el ajo y cocina 1 minuto más.

Paso 4: Tomate, brandy y la magia del flambeado

Incorpora el tomate triturado y cocina 8-10 minutos hasta que pierda el agua y el sofrito se concentre. Sube el fuego, vierte el brandy y, si te animas, flambéalo: inclina ligeramente la sartén hacia la llama (o acerca un fósforo largo) y deja que el alcohol arda 20-30 segundos hasta apagarse solo. Si prefieres no flambear, simplemente deja evaporar el alcohol 2 minutos a fuego fuerte. Agrega el vino blanco y reduce otros 2 minutos.

Paso 5: Incorpora el txangurro

Baja el fuego a medio y agrega la carne desmigada del centollo, los corales y los jugos reservados del caparazón. Mezcla con suavidad y cocina solo 3-4 minutos: la carne ya está cocida y solo debe integrarse con el sofrito y absorber sus sabores. Ajusta de sal y pimienta blanca, agrega la pizca de cayena si te gusta el punto picante, y retira del fuego. La mezcla debe quedar jugosa, ni seca ni caldosa: si la ves líquida, sube el fuego 1 minuto; si la ves seca, un chorrito de vino blanco la rescata.

Paso 6: Rellena los caparazones

Precalienta el horno a 200°C con función gratinador (broiler). Rellena los caparazones limpios con la mezcla caliente, repartiéndola de forma generosa y uniforme. Si no tienes los caparazones (por ejemplo, si usaste carne en conserva), usa cazuelitas individuales de barro o recipientes aptos para horno: el resultado es igual de delicioso, aunque pierdas el efecto escénico.

Paso 7: Gratina hasta el dorado perfecto

Espolvorea la superficie con el pan rallado, distribuye los dados de mantequilla por encima y hornea en la parte alta del horno 8-10 minutos, hasta que la superficie esté dorada y burbujeante. Vigila a partir del minuto 6: el punto perfecto es un dorado intenso sin llegar a quemarse. Al salir del horno, espolvorea perejil fresco picado.

Paso 8: Sirve inmediatamente

El txangurro se sirve recién gratinado, caliente y en su caparazón, con cucharilla para no dejar ni rastro y pan de buena calidad al lado (mojar en el fondo del caparazón es obligatorio, y quien diga lo contrario no ha probado el plato). Como entrada elegante, medio caparazón por persona; como plato principal, uno entero.

Errores comunes al preparar txangurro (y cómo evitarlos)

  1. Usar surimi o “carne de cangrejo” artificial: el surimi es pescado prensado saborizado. El plato exige cangrejo real, fresco o en conserva de calidad.
  2. Tirar los jugos y corales del centollo: es como tirar el fondo de un buen caldo. Ahí vive la mitad del sabor del plato.
  3. Apurar el sofrito: quince minutos de pochado lento no se negocian. Es la cama dulce sobre la que brilla el marisco.
  4. No evaporar el alcohol: un brandy crudo domina y amarga. Flambea o reduce hasta que el aroma alcohólico desaparezca.
  5. Exceso de tomate: el tomate acompaña, no protagoniza. Si la mezcla queda roja como una boloñesa, te pasaste: debe ser rosada-anaranjada.
  6. Gratinar demasiado tiempo: más de 10-12 minutos seca el relleno. El objetivo es dorar la superficie, no recocinar el interior.
  7. Servirlo tibio: el txangurro pierde la mitad de su encanto frío. Del horno a la mesa, sin escalas.

Preguntas frecuentes sobre el txangurro

¿Puedo preparar el txangurro con antelación?

Sí, es uno de sus grandes puntos fuertes. El relleno se conserva refrigerado en recipiente hermético hasta 24 horas. Rellena los caparazones, agrega el pan rallado y la mantequilla, y gratínalos directamente al momento de servir (agrega 2-3 minutos si el relleno está frío de la refrigeradora). También puedes congelar el relleno (sin gratinar) hasta 1 mes.

¿Qué puedo usar si no encuentro caparazones?

Cazuelitas de barro individuales, ramequines, conchas grandes de vieira o incluso una fuente de horno familiar para servir al centro. El caparazón es tradición y espectáculo, pero el sabor está en el relleno.

¿El txangurro pica?

La receta tradicional lleva apenas una pizca de guindilla o cayena que aporta un fondo cálido, no picante real. Es totalmente opcional: sin ella, el plato es suave y apto para todos, incluidos niños.

¿Puedo hacer txangurro con otros cangrejos o mariscos?

Sí. Además de la centolla patagónica (el sustituto ideal en Sudamérica), funcionan el buey de mar, el cangrejo real (king crab), la jaiba y el cangrejo azul. Incluso hay versiones libres con mezcla de mariscos picados (camarón, vieira). El método —sofrito, brandy, gratinado— es una técnica que perdona y premia la creatividad, aunque el nombre “a la donostiarra” pide cangrejo.

¿El txangurro es saludable?

Bastante: es alto en proteínas magras, rico en zinc, selenio, yodo y vitamina B12, y moderado en calorías (unas 280 por porción). El marisco aporta colesterol dietético, por lo que quienes sigan indicaciones médicas específicas deben consumirlo con la moderación que les haya pautado su profesional de salud. Como plato de celebración ocasional, es de las opciones más nutritivas que existen.

¿Cómo sé si un centollo es fresco y de calidad?

Debe sentirse pesado para su tamaño (señal de que está lleno de carne), con olor limpio a mar (nunca a amoniaco), caparazón duro e intacto y, si está vivo, con movimiento en las patas. Los centollos de invierno (de noviembre a marzo en el hemisferio norte) están en su mejor momento de carne. Las hembras se distinguen por la “lengüeta” ancha y redondeada bajo el abdomen, y son las preferidas para este plato por sus corales.

Conclusión: el lujo de lo sencillo

El txangurro a la donostiarra es la demostración de que la alta cocina no siempre exige técnica imposible: un producto excepcional, un sofrito hecho con paciencia, un toque de brandy y un gratinado en su punto. Cuatro gestos que convierten un cangrejo en uno de los platos más elegantes del recetario español.

Ya sea con centollo fresco del mercado, con centolla patagónica o con una buena conserva, esta receta te garantiza un momento de celebración en la mesa. Prepáralo para una ocasión especial, sírvelo humeante en su caparazón, pon buen pan al centro… y prepárate para que te lo pidan cada Navidad.

¿Conocías este clásico vasco? Cuéntanos en los comentarios si lo has probado en San Sebastián o si te animas a prepararlo en casa, y comparte este artículo con ese amigo fanático de los mariscos.